
Aunque cada vez más se habla de educación y del rol que les cabe a los maestros, seguimos viendo a miles de profesores esperando que alguna vez les paguen la “deuda histórica”; otros miles deben trabajar en varios colegios a la vez para tratar de tener un sueldo decente; muchos otros cuestionan la tendencia a la estandarización que impone la evaluación docente; un gran contingente sigue a la espera del pago del Bono SAE y la gran mayoría, con justa razón, reclama por la subvaloración del trabajo docente en nuestra sociedad, que es una de las razones por las cuales los jóvenes ya no quieren estudiar pedagogía.
Y aunque desde el gobierno se insiste en decir que miramos como ejemplos a seguir a países como Finlandia y algunas naciones asiáticas, la verdad es que a la hora de hacer paralelos en las condiciones que se dan para el desarrollo del proceso educativo y el despliegue de la labor de los docentes, la verdad es que queda clara cual es la diferencia: una realidad educacional con colegios sin “selección” ni lucro, cursos pequeños, igual infraestructura y equipamiento para todos los colegios; sueldos dignos y condiciones decentes de trabajo para los profesores.
Porque resulta evidente que en el país del culto a las cifras macroeconómicas, a los ministros de hacienda, a los futbolistas y a los que viven de la farándula, los profesores no aparecen el top ten de los ejemplos a seguir, sino más bien al revés: es una carrera que no goza del “prestigio social” de otras; hay que sacrificarse demasiado, por muchos años, para no ganar mucho; hay que endeudarse para estudiar pedagogía y luego volver a endeudarse para que estudien los propios hijos porque el sueldo no alcanza y lo poco que se habla de ellos en los medios es para mostrarlos marchando, reclamando por algo.
En un mundo que cuando habla de futuro sólo habla sólo de innovación y tecnologías, pero no de formación ni de formadores, es bueno recordar la importancia que han tenido, para cada uno de nosotros, los distintos profesores que en etapas de nuestra formación y de nuestra vida, con métodos más o menos amigables, pero siempre con la mejor intención nos permitieron ver la importancia de aprender, no como proceso mecánico de almacenamiento de datos, fechas y fórmulas, sino como uso intensivo de nuestra razón y nuestras capacidades, como desarrollo de habilidades y herramientas de futuro, para toda la vida.
Por eso, cuando estamos ad portas de una nueva celebración del Día del Profesor, que antiguamente se llamaba Día del Maestro es bueno hacer un poco de historia y recordar que la primera fecha instituida en Chile para homenajear la labor de los maestros fue (lamentable coincidencia) el 11 de septiembre de 1943, mediante decreto del Presidente Juan Antonio Ríos. Esta decisión se basaba en la recomendación de la primera conferencia de ministros y directores de educación de las repúblicas americanas para recordar continentalmente el fallecimiento del pensador argentino Domingo Faustino Sarmiento, acaecida en el mismo día pero de 1888. Más tarde, esa fecha fue ratificada por la Ley N°16.662 de 1967.
Sin embargo, a partir de la dictadura, mediante el Decreto Ley Nº1.938 del 18 de octubre de 1977, se establece que la fecha que recordará a los profesores será el 16 de octubre, haciéndola coincidir con la creación del Colegio de Profesores de Chile A. G. en 1974.
Más allá de las fechas y los decretos, lo importante es rescatar y valorar la importantísima labor que realizan a diario miles de profesores en todo Chile, siendo especialmente destacables los ejemplos de quienes cumplen su labor formadora en lugares rurales, apartados incluso semi aislados del norte y sur de Chile, cerca de la cordillera y de las fronteras, donde toman en sus manos el deseo de aprender que reside en todos los niños y los forman como buenas personas y seres humanos, más allá de lo antigüedad o precariedad de las escuelas, más allá de las notas.
Porque como decía Simón Rodríguez, maestro de Simón Bolívar “enseñen y tendrán quien sepa, eduquen y tendrán quien haga”.
Felicidades a todos los educadores y educadoras de Chile, que con su ejemplo y su trabajo nos ayudan a formar mejores chilenos para construir un país mejor.
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